Una récula tras otra, lanzando y lanzando... No estaban saliendo bien las cosas. Enganches en las ramas sumergidas, en las piedras, enganches, enganches y más enganches. El viento no me daba ninguna tregua y no encontraba ninguna postura cómoda para poder lanzar mi mosca...La pesca tiene estas cosas. Ya llevábamos varias horas andando y había que plantearse la vuelta al coche. Pero al torcer una última récula, dos manchas oscuras perpendiculares a la orilla llaman mi atención. La primera parecía un tronco y la más lejana era una buena carpa de unos tres kilos. Esta vez el viento me iba a ayudar pues lo tenía de espaldas. Comenzaba a sentir que algo iba a suceder. Avanzo casi de puntillas, la carpa me oye y sale despavorida... sigo quieto y, sobrecogido, me doy cuenta de que la otra mancha no era un tronco, sino que se trataba de un carpón de mayor tamaño que el anterior. Con mucho cuidado saqué varios metros de linea y los deje en el suelo. Lanzo y comienzo a recoger muy lentamente. El pez comía tranquilo sin percatarse de que la linea había aterrizado a pocos centímetros de su cabeza... menos mal. Recojo muy despacito y paro la ninfa frente a él para dejar que se pose en el fondo. El pez, movido por la curiosidad, avanza unos centímetros y se para justo encima. Cuando pensé que no iba a tomar la mosca, pues parecía una carpa muy desconfiada, una gran aspiración la hizo desaparecer en su boca. Con el corazón en un puño espero un instante y tenso la linea con un cachetazo corto y suave. Dio un violento coletazo rompiendo el agua y comenzó a sacar metros y metros de linea...
Una preciosa común de 4.6 kg que me hizo disfrutar de unos bellísimos momentos de pesca...
Haber compartido este estupendo e inesperado día con mis amigos Javi Mateos y los miembros de Peskacor ha sido un verdadero placer. ¡¡¡Gracias!!! Hasta pronto
Cruzar el puente de Cogolludo no es una experiencia apta para alguien sensible al maltrato animal...
Cuando salimos del túnel que da acceso a este preciosos lugar, lo primero que llama la atención es la cantidad de sangre que hay desparramada por el suelo... rastro inequívoco de las carnicerías que allí se realizan. Lo siguiente que atrajo mi atención fueron las garrafas de plástico en las que los "pescadores" mantienen con vida a las pequeñas tencas, que servirán se cebo para capturar a los lucios. Estas inmaduras criaturas, de bellísima librea, son ensartadas por su pequeño lomo con grandes anzuelos y son lanzadas a poca distancia para no partirlas en dos. Un plomo se encarga de hacer que se hundan en la oscuridad de las profundas aguas a la espera de que algún depredador dé buena cuenta de ellas. El revuelo y el griterío de los presentes son la señal de que en alguna de las cañas se ha producido alguna picada. La histeria colectiva hace que el "afortunado" pescador piense en todo menos en que tiene en sus manos la vida de un animal SENSIBLE AL DOLOR...
En esta ocasión ha sido una gran hembra, de ocho kilos, que tras ser hizada con la enorme sacadera, se tira sin más al suelo del puente (mezcla de tierra, gravilla y suciedad de todo tipo)
El bello animal no para de dar sacudidas, haciéndose heridas por todo el cuerpo. Después de un rato en el que el pez queda destrozado, en su afán de nadar aunque sea en la hostilidad del viaducto, para que no "moleste" más, es agarrado con fuerza por los ojos y metido "a presión" en una caja de plástico (de las de la fruta) que queda empequeñecida por las dimensiones del pez. Para que éste quepa dentro es retorcido hasta que su cola queda junto a la cabeza. El pez sigue vivo, con los ojos hundidos y opacos, el cuerpo lleno de heridas y completamente retorcido...
Ese es el final de una gran hembra de lucio capturada en el puente de Cogolludo, en el Embalsede Orellana. Creo que el sufrimiento innecesario al que se somete a estos peces, por parte de algunos pescadores, es directamente proporcional a la falta de inteligencia y sensibilidad de estas personas. Se puede matar un pez causándole un mínimo sufrimiento. Hasta pronto...
Las pocas horas de sueño y las pésimas condiciones meteorológicas no nos quitaron, ni a Carmen ni a mi, las ganas de hacer la primera escapada del año. Los lucios extremeños eran nuestro objetivo.
La oscuridad de la noche y la caída incesante de agua hicieron del viaje de ida un tanto pesado. Desayunamos y por fin las luces del amanecer se colaban entre los negros nubarrones. Llegamos a pie de embalse poco después de las nueve. El fuerte viento me planteó dudas sobre si era apropiado o no usar el equipo de mosca, pero sabía que las condiciones eran buenas para los lucios... había que intentarlo. Mientras Carmen se quedó en el coche dando una cabezadita, abrigado hasta los ojos, me fui para una zona de rocas salteada de pequeñas playitas, muy interesante pero bastante alejada de donde nos encontrábamos. En el camino oigo, a lo lejos, el zumbido de una embarcación. Sabía que Javi, Ismael y David podrían andar por estas latitudes buscando algún luciete. La embarcación pasó de largo a gran velocidad y a mucha distancia pero cuando hizo un giro de 180 grados hacia mi supe que eran ellos. ¡Qué alegría! Saludos, intercambio de impresiones y...claro, les pedí el favor de que me acercaran a mi destino. Dicho y hecho. Me dejaron allí y se fueron ¡¡¡nos vemos despueeees!!! me gritaron mientras se alejaban... La orilla estaba muy revuelta y además comenzó a llover, pero ya estaba allí. La estrategia estaba clara: lances muy lejanos y no parar hasta llegar al coche. A los pocos minutos conseguí la primera captura. Un simpático luciete de algo más de un kilo que entró decidido a la mosca. Al rato sufrí un pequeño percance que me hizo entender lo duros que están los ojos de metal de un streamer . En uno de los lances, cuando tenía muchos metros de linea en el aire detrás de mi, al hacer el lanzamiento para posarla en el agua, el fuerte aire hizo que la mosca se desviara, golpeándome en la parte de atrás de la cabeza... ¡Un autentico balazo! Menos mal que no me llegué a clavar el VMC del numero 2 en el cogote. Para la próxima me llevaré un casco... Superado el incidente, debía seguir con mi tarea. Lanzar, lanzar, lanzar, lanzar y el embalse volvió a dar sus frutos en forma de preciosos lucios.
Dos capturas más y algunas picadas (espectaculares) llenaron la mañana de emociones. Llegué al coche cuando volvieron mis tres amigos en la "planeadora". Nos contamos las batallitas y se marcharon para casa.
Carmen montó su equipo de spinning con un pikie imitación percasol y nos fuimos por la orilla a probar suerte.Mientras Carmen lanzaba sin parar y Trufa daba buena cuenta de todos y cada uno de los palos que había dispersados por la orilla, conseguimos la última captura. Tras tres ataques en superficie realmente espectaculares, un bonito lucio nos terminó de alegrar el día. Más detalles de esta jornada enBIG FISH SEVILLA
Echando un vistazo hacia atrás, recordando momentos especiales de esta temporada, si me tuviera que quedar con alguno, probablemente sería con el día en el Tormes. Fueron sensaciones que nunca voy a olvidar. Os dejo un relato que escribí días después en el foro Bass Puertollano contando como fueron aquellas horas de pesca en tierras salmantinas.
Lo que me llevo del Tormes... por Luis Guerrero el Mar Ago 26, 2008 5:47 pm
Hace tiempo que me rondaba la idea de pescar en tierras castellanoleonesas y en concreto en uno de los más bellos ríos que he conocido. El Tormes. Me he asomado a sus orillas en varias ocasiones a lo largo de mi vida y siempre intentaba imaginar lo que sería poder pescar en sus aguas. Con el tiempo, todo se fue fraguando, hasta que hace una semana, al fin, me encontraba frente a sus orillas con mi equipo de mosca y los permisos necesarios. El lugar elegido era cercano a la localidad de Alba de Tormes. Aguas arriba existen algunas zonas verdaderamente idílicas para tentar a los lucios. Dejamos el coche y al asomarnos al río nos encontramos con un espectacular azud de más de cien metros de longitud, adornado por varias escalas salmoneras...si. salmoneras, pues aguas abajo hay un coto de huchos (salmones del Danubio)... Sólo imaginar esos enormes y bellos peces haciéndose hueco para remontar estas escalas me sobrecogió. Aguas abajo del azud, encontré las tablas en las que hice realidad mi sueño de pescar en el Tormes. El lugar era impresionante. Las aguas eran cristalinas. Las márgenes del río estaban tapizadas de juncos, refugio y cazadero perfecto para el lucio. Todo el fondo del rió estaba repleto de grupos de algas que ondulaban con la corriente como pañuelos de seda batidos por un viento suave. Entre estos grupos se abrían pasillos de más o menos de un metro de profundidad, que te hacían imaginar que aquello era un autentico paraíso para los depredadores. El agua corría en toda la anchura del río a una velocidad constante, parecida a la del paso de una persona. Estaba tan absorto por la belleza que me costó trabajo concentrarme para pescar. No sabía por donde empezar. Todo el río eran posibles cazaderos para los lucios. Las picadas podrían producirse en cualquier lugar de los que me rodeaba. Me metí en el agua con mis botas altas ( no llevaba vadeador) entre los juncos de mi orilla. Muy despacio, sin hacer nada de ruido. Mientras me abría paso entre sus tallos, vi bandos de pececillos que, en su huida, eran presa de pequeños lucios que se camuflaban entre el forraje. Todo un espectáculo. Aquello rebosaba vida por todas partes. Sobrepasé los juncos y comencé a lanzar... Al principio eran lances cortos, pues no me fiaba de los obstáculos aéreos que ponían en peligro el señuelo. Los lances los hacía paralelos a la orilla. Comencé a adentrarme en el cauce sin saber si mis botas se llenarían de agua. Poco a poco vi que la profundidad del cauce era constante y me permitiría atravesar los ochenta o noventa metros de anchura del Tormes en aquel tramo. No podía pedir más. Era todo perfecto. Avanzando poco a poco, iba barriendo mis alrededores, haciendo lances cada vez más y más largos, hasta llegar al máximo de mis posibilidades. El peso del streamer mas el cable de acero, hacían que se hundiera el conjunto con rapidez, con lo que, para no perderlos entre las algas , tenía que recoger muy rápido. Era incesante. Completamente concentrado en lo que tenía ante mí, lanzaba muy lejos una y otra vez. Antes de llegar a la otra orilla metí un pie en una pequeña depresión y la bota derecha se me llenó de agua, por cierto, muy muy fría... A partir de ahí decidí que no me importaba mojarme hasta la cintura, pudiendo acceder así a todos los rincones de aquella imponente tabla. De entre las algas me salieron varias veces algunas manchas marrones, muy rápidas, que resultaron ser truchas. El gran tamaño del streamer evitaba que se clavaran. Los ataques se producían prácticamente a mis pies. Tras unas horas barriendo literalmente el centro del río, en uno de aquellos largos lances, mientras fijaba la vista en el señuelo, por el rabillo de mi ojo derecho veo moverse algo muy grande. Me iba a dar algo. Un enorme lucio salía de entre las algas a tres metros de mí. Recogí a toda velocidad para hacerle pasar el señuelo por delante, pero antes de que esto sucediera, el enorme pez notó mi presencia y salió disparado entre las algas con una arrancada increíble para un pez de esas dimensiones. Estaba impresionado. Un poco más tarde me pasó exactamente lo mismo, pero esta vez era un lucio más pequeño. Cambié la estrategia y comencé a rastrear el fondo de esos pasillos, con mucho cuidado de no enganchar en los algueros. Las sombras generadas por estas plantas con la corriente, me dieron más de un sobresalto. Pero la verdadera impresión que tenía era de que aquello estaba vivo. Todo el lecho se movía a mi alrededor. Esas algas tienen algo de tenebroso. Llegó un momento en que empecé a tiritar por llevar varias horas mojado hasta la cintura con agua muy fría. También tenía el hombro hecho un trapo de tanto lanzar. Era hora de terminar... Me salí del agua completamente impresionado por la intensidad de aquel lugar, sintiendo que, sin haber sacado ningún pez, había vivido uno de los momentos de pesca más bellos de mi vida. Un "bolo"...que quiero compartir con vosotros. Hasta pronto. Luis
Ahora que la temporada de pesca en aguas continentales decae, es un buen momento para disfrutar del mar. Al contrario que en época estival, las costas nos muestran ahora su lado más tranquilo y solitario. Las pequeñas playas que se forman en la entrada del Dique Juan Carlos Primero (Espigón de Huelva) han sido las que hemos elegido para pasar el sábado. Este es un lugar de pesca muy interesante para practicar cualquier modalidad. La riqueza de estas aguas, en las que se mezclan las aportadas por los Ríos Tinto y Odiel y las fuertes corrientes del atlántico, hacen del entorno del Espigón de Huelva un lugar perfecto para la proliferación de numerosas especies piscícolas.
El surf casting es aquí la modalidad reina. Las zonas cercanas a las orillas están trilladas por olas de pescadores que día a día peregrinan aquí para probar suerte. Alejarse un poco de estas orillas con el kayak es un punto a favor para poder encontrar un entorno tranquilo para pescar. Remar en estas aguas resulta muy atractivo pero, eso si, hay que estar muy atento a las corrientes. Cuando estás a cientos de metros de la orilla, con la pleamar o la bajamar, la deriva es muy fuerte. En la zona del canal por el que discurren los grandes buques, la velocidad del agua puede ser casi la misma que la de un kayak a toda pastilla... Os cuento como fue la cosa... Me eché al agua equipado con una caña de spining de mar que a veces uso para hacer curricán. Una Rapala de profundidad de tamaño medio valdría para tentar cualquier especie.
A pesar de no ser la mejor época para "cacear" me empeñé en dar muchas pasadas por las zonas que creía más querenciosas. Buena temperatura, el mar en calma, nada en contra para intentarlo. Comienzo a palear y me dirijo hacia unas enormes boyas situadas a unos trecientos metros de donde me encontraba. En una de las pasadas noto el kayak un poco frenado, me giro para mirar el puntero y veo la caña dando tirones. Comienzo a recuperar hilo y aparece una preciosa baila mordiendo al artificial... Después de remar algo más y acercarme a un enorme buque amarrado en el puerto decido volver a la playa y coger la caña de mosca para buscar algo interesante a lo que lanzar mis imitaciones. Las enormes lisas (de las que me habló Karim días antes) estaban entretenidas con su quehacer amoroso y no hacían ni caso de mis moscas. El pan con el que las cebaba se convirtió en el almuerzo de las gaviotas. Las que si atacaron fueron las astutas lubinas. Las "lobas" son auténticos misiles...rapidísimas, tanto que en sus enérgicos ataques no me daban tiempo para dar el cachetazo. De todos modos, ver a estos peces salir entre las piedras para atacar mis imitaciones es una bellísima experiencia. Caía el sol, tiñéndose el horizonte de rojo y a nuestras espaldas, a lo lejos, las luces del polo químico se iban encendiendo. Hay que decir que este núcleo industrial es una aberración contra el medio ambiente, pero...lo que son las cosas, de noche es un lugar muy fotogénico... contrastes de la vida.