Salí de casa con las primeras luces del día. El color del cielo barruntaba una jornada de clima anticiclónico, por cierto nada favorable para lo que iba buscando...
La llegada a la sierra gaditana es siempre espectacular. Las grandes montañas que la conforman tienen carácter propio.
El Cerro San Cristóbal...
Tras disfrutar de la vista de estas preciosas cumbres, tocaba mirar hacia abajo, hacia el agua, que para eso había venido. El embalse se presentaba con un nivel sorprendentemente bajo. La cola que normalmente es un vergel para aves acuáticas ha quedado alejada centenares de metros de la actual orilla. La tierra cuarteada circunda toda la masa de agua.
En el agua había una falta de actividad absoluta. Ni barbos, ni carpas, ni alburnos, ni bases, ni lucios...ni nada de nada. No se les veia ni cerca ni lejos de la orilla.
Esta playa era un apostadero perfecto para los exócidos: profundidad media, vegetación sumergida... pues ni por esas...
Al torcer una punta vi que delante de mi iba un grupo de cinco pescadores, que entre gritos y malas maneras acabaron con mi interés por permanecer allí.
Tenía todo el día por delante y el Embalse de Bornos no quedaba lejos. Dicho y hecho. Me planté en las playas del vecino embalse esperando encontrar algo más de movimiento...pero nada más lejos de la realidad.
El embalse era un autentico espejo. Uno de esos días en los que da gusto pescar
Orilleando hasta la saciedad en busca de algún ciprínido me di con un canto en los dientes. Con ese panorama decidí tomármelo con filosofía y disfrutar del magnífico día con toda la tranquilidad del mundo. Tras descansar un rato emprendí la vuelta al coche. En el largo trayecto conseguí la única captura del día. Un bonito y desconfiadísimo barbo que tras varios acercamientos a la pequeña ninfa acabó dando con sus escamas en la hierba.
Hasta pronto amigo y...disculpa las molestias
Llegué al coche satisfecho por haber disfrutado de un precioso día, de unos paisajes únicos y por supuesto por la captura de ese único barbo que salvó la jornada de pesca.
Hasta pronto

Con ese panorama, sentido común y unas cuantas llamadas de teléfono nos hemos replanteado el complicado día.