Era un día de los que en circunstancias normales uno dejaría la caña guardada en el armario. Nuestro escenario estaba lleno de gente, además las nubes altas no dejaban pasar los rayos del sol imprescindibles para poder adivinar la situación de los peces. Para colmo el viento hizo de las suyas. Todo estaba en contra. Pero también es cierto que en estos días desapacibles para la pesca a mosca, los peces sorprenden por sus caprichosos hábitos. Pecan de confiados y a veces se acercan a lugares donde normalmente no lo harían. Pero la verdad es que a mi me encanta estar en días así en pleno campo. Ya sea pescando, caminando o, como en este caso, en compañía de mis seres queridos. Después de darnos unos baños y almorzar optamos por dar un paseo a lo largo de la orilla. Las condiciones sólo me daban una opción. Tentar algún bass con popper. Durante varias horas barrí algunas orillas sin el más mínimo atisbo de actividad. Cuando el sol caía el viento arreciaba, por lo que la pesca se tornaba incluso algo peligrosa. De hecho en varias ocasiones me golpeé con el popper en la espalda y hasta llegué a clavármelo en el brazo… Decidí volver hacia donde estaba Carmen, paseando tranquilamente, mientras disfrutaba de las luces del la tarde y de las caprichosas formas de las nubes. En la emisora suena la voz de Carmen, a la que ya veía a lo lejos, preguntándome si había capturado algo. Cuando le voy a contestar veo en el agua algo extraño. El intenso rizado provocado por el viento en la superficie, perdía algo de fuerza en una zona circular de unos dos metros de diámetro. Parecía una turbulencia provocada por la cola de una gran carpa dando potentes sacudidas con su cuerpo totalmente vertical. La voz de Carmen seguía sonando pero no le quería contestar para evitar hacer algún ruido. La nubes filtraban la luz del sol y no dejaban ver nada más que brillos en la superficie del agua. La pobre Carmen seguía llamándome y yo ni caso. Menos mal que me vio desde lejos y entendió que estaba acechando a algún pez. Cambie el popper por una ninfa. Me acerqué agazapado a la orilla y lancé a mi objetivo, a unos diez metros de mi. Dejé hundirse el señuelo mientras recogía muy despacio. La turbulencia en el agua cesó… el pez o se había asustado o había atacado. Un suave cachetazo me sacó de toda duda. La linea comenzó a salir con una potencia descomunal. Por fin contesté a Carmen y le pedí que se acercara para echarme una mano pues acababa de clavar lo que parecía ser un gran pez. Una vez a mi lado se metio en el agua con la exigua sacadera y terminó sacando a la gran carpa común de su medio. No sabemos cuanto pesó pues la batería del pesímetro estaba a cero...muy oportuno.
Lo único tangible y cierto de esta captura fue su belleza y las sensaciones que nos han quedado.

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Hasta pronto.