Menos mal que existen las fiestas locales. Son días perfectos para ir de pesca a lugares normalmente atestados de gente. En esta ocasión, tanto Javi como yo, apostamos fuerte. Llevamos nuestros kayaks y estábamos dispuestos a recorrer una larga distancia en busca de buenos rincones de pesca. Así fue.
Tras llegar y montar todo el equipo paleamos sin parar durante un buen rato. Llegamos a un lugar en el que debido a la morfología de las orillas decidimos separarnos. Javi se acercó a la orilla de enfrente para buscar basses. Yo seguí paleando otro buen trecho. Tras desembarcar varias veces en busca de ciprínidos sin obtener ningún resultado volví paleando otro buen trecho para encontrarme con mi compañero y saber como le había ido.
Una vez juntos me describe con emoción las capturas que había conseguido. Entre ellas la de un gran bass de dos kilos que pasa a engrosar la larga lista de grandes centráquidos que ha capturado este año. Admirable. Javi está que se sale... Tras las merecidas felicitaciones nos volvimos a separar. De este modo continué la larga peregrinación en busca de las carpas que no daban señales de vida. Después de mucho buscar llegué a una zona en la que vi algo de movimiento en el agua. Aquello tenía buena pinta... La estrategia a seguir, pues la de siempre; pararme a observar el tiempo que hiciera falta para comprender lo que pasaba allí, bajo el agua. Vi algunas carpas que arriesgaban y se adentraban en zonas someras, pero intuía algo más. La turbidez me intrigaba y me animaba a pensar que allí en el fondo deambulaban grandes ejemplares. Pues nada a seguir esperando. Después de unas dos horas, parado y sin dar un sólo lance, viví uno de esos episodios que jamás se olvidan.
Mientras observaba una turbulencia, a unos cinco metros de mi, una gran carpa abandona el fondo y se acerca a mi orilla para cotillear. Un momento emocionante en el que te juegas muchas horas de búsqueda , espera y observación. El pez nadaba despacio, sin comer. Parecía estar saciado y se desplazaba ocioso... pero el instinto es el instinto. En el momento en el que la ninfa tocó el agua la tomó con decisión. La lucha fue espectacular. El pez se fue para aguas profundas y no había manera de hacerlo subir. Hicieron falta varios minutos para sacarlo del agua. Resultó ser una hermosa común que rondaba los cuatro kilos.
Mientras manipulaba al pez, una potente sacudida a unos cincuenta metros a mi derecha llama mi atención. Parecía el ataque de un gran bass que tenía su cazadero junto a una punta de roca. Devolví al pez al agua y me pegué una carrera por la orilla hasta encaramarme en las piedras. Con la emoción de la primera captura todavía a flor de piel busco un buen streamer apropiado para el pez que podría andar por allí. Comienzo a anudar y miro de reojo al agua... me quedé paralizado al ver a unos quince metros de mi un enorme carpón rastreando el fondo. Corté el nudo y de nuevo puse un ninfón. Lanzo y consigo pasar el señuelo a pocos centímetros del pez, provocando un ataque tranquilo pero decidido. El cachetazo hizo que la carpa diera una impresionante sacudida saltando del agua de forma espectacular.
Pero la cosa se complicó. El animal rodeó la punta de roca hacia mi derecha pasando tras una árbol sumergido, quedando la linea entre las ramas mientras el pez se alejaba metros y metros a toda velocidad. La única solución era cruzar a la orilla contraria para liberar la linea. Pero ¿cómo? El backing comenzó a salir y sin pensarlo salí corriendo hacia mi izquierda en busca del kayak. En el momento de embarcar me quedaban muy pocos metros de reserva pero me dio tiempo a montar y a remar con un brazo hasta que pude rodear el árbol y liberar la linea. Menudo alivio. Me bajé de nuevo y comencé a recuperar. El pez tiraba como un demonio y no sabía como lo cobraría sin sacadera (se me olvidó en el coche...) Con el agua por la cintura y tras varios intentos conseguí hacerme con él.
Toda una odisea. La recompensa fue esta bellísima carpa de 7´250 kilos y unos inolvidables momentos. Qué más se puede pedir...
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Hasta pronto...
Tras llegar y montar todo el equipo paleamos sin parar durante un buen rato. Llegamos a un lugar en el que debido a la morfología de las orillas decidimos separarnos. Javi se acercó a la orilla de enfrente para buscar basses. Yo seguí paleando otro buen trecho. Tras desembarcar varias veces en busca de ciprínidos sin obtener ningún resultado volví paleando otro buen trecho para encontrarme con mi compañero y saber como le había ido.
Mientras observaba una turbulencia, a unos cinco metros de mi, una gran carpa abandona el fondo y se acerca a mi orilla para cotillear. Un momento emocionante en el que te juegas muchas horas de búsqueda , espera y observación. El pez nadaba despacio, sin comer. Parecía estar saciado y se desplazaba ocioso... pero el instinto es el instinto. En el momento en el que la ninfa tocó el agua la tomó con decisión. La lucha fue espectacular. El pez se fue para aguas profundas y no había manera de hacerlo subir. Hicieron falta varios minutos para sacarlo del agua. Resultó ser una hermosa común que rondaba los cuatro kilos.
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