Una inmensidad de embalse, repleto de árboles sumergidos, con cortados intransitables, casi sin accesos, en un entorno espectacular... son tantos los alicientes... Es impresionante. El Guadalcacín es uno de los embalses más grandes del sur de España y uno de los más salvajes y agrestes que he visitado...Hace años que no venía por sus orillas y hoy he comprendido que realmente no lo conocía...
Al llegar al Guadalcacín, lo primero que llama la atención son sus dimensiones, a pesar de estar muy bajo de nivel. Una sinuosa carretera situada en la vertiente sur nos iba descubriendo una infinidad de reculas, repletas de arboleda, casi impracticables para pescar desde orilla.
Una vez en el agua, tras preparar nuestros artilugios, nos pusimos en marcha; Alfonso y Javi ni se lo pensaron, se fueron directamente hacia la orilla de enfrente, hacia unos grandes cortados rojizos, en busca de algún bass.
Mientras, Eduardo y yo, con equipos de mosca, decidimos cruzar a alguna zona de menos pendiente para poder caminar. A poco que nos alejábamos de la orilla, el oleaje y el viento nos dieron a entender que no iba a ser un día fácil para navegar... A medida que nos acercábamos a nuestro destino, se podía distinguir la barrera de árboles sumergidos que separaba la tierra del agua...más dificultades...
Paisaje predominante en estas aguas...
Hasta bajarnos de nuestras embarcaciones resultó complicado. Casi todo el perímetro del embalse era una acumulación de arena y lodo en la que al pisar te hundías una cuarta... aunque con ganas importan poco estas cosas. Comenzamos a andar en direcciones opuestas y al poco, entre las ramas de un árbol sumergido, vi el primer barbo. Era de 2.5 kg para arriba...¿qué haces cuando tienes un ejemplar de ese porte metido entre una maraña de ramas?...pues lanzarle la imitación, claro. Posé mi pequeña ninfa como pude entre la cobertura y no tuve que esperar mucho para que el pez se lanzara a por ella. Di un cachetazo y apreté el freno a tope para intentar que no se moviera del sitio (cosa complicada con un ejemplar así) La torsión de la caña (linea 7-9) fue tal que la anilla de salida no aguantó, despegándose la resina y girándose 90º sobre su propio eje. El pez daba unas enormes sacudidas hasta que en una de ellas se soltó. Recuperé la linea... y la calma... El anzuelo estaba completamente abierto. Menuda forma de comenzar el día. Puse anzuelos más fuertes y aumenté el diámetro del bajo, así pude sacar diez barbos, cinco o seis de los cuales rondaban o sobrepasaban los dos kilos de peso.


Dos de los barbos que pudimos sacar
Una de las capturas del día en una de las pocas playas del embalse. Mientras recuperaba al pez, otro de gran tamaño se acercaba comiendo placidamente...hubiera estado bien el doblete.
Eduardo tuvo peor comienzo, pero después del almuerzo comenzó a sacar barbos uno detrás de otro, hasta conseguir otros diez...
Uno de los pocos lugares asequibles para poder descansar... Alfonso y Javi lo tuvieron mucho más difícil. Los sitios interesantes para los bases eran azotados por el viento con lo que conseguir un lance efectivo les resultó muy complicado...a pesar de todo disfrutaron del día y del embalse.
El regreso al punto de partida lo hicimos por un bosque de encinas, semisumergido, por el que íbamos zigzagueando, con los retorcidos troncos a contraluz, mientras el sol comenzaba a caer para dar las últimas pinceladas de color del día...

...cuantos árboles...
Hasta pronto